El embarazo y la lactancia requieren atención al valorar un piercing nuevo o cómo gestionar una joya ya colocada. Conviene distinguir lo documentado de lo que se repite a menudo sin pruebas: los cambios fisiológicos del embarazo no demuestran por sí solos que un piercing cicatrice peor ni que, en general, una persona embarazada esté inmunodeprimida.
1. Embarazo, inmunidad y límites de la evidencia
El sistema inmunitario materno se adapta a lo largo del embarazo; no «se apaga» ni se describe adecuadamente como un cambio general y simple de una respuesta Th1 a una Th2. La tolerancia maternofetal depende de procesos coordinados que varían con el tiempo y entre tejidos. Estos mecanismos son importantes en la inmunología del embarazo, pero no demuestran que las defensas cutáneas frente a las bacterias estén globalmente reducidas ni que el organismo rechace de repente un piercing ya cicatrizado.
Un piercing nuevo implica una herida intencionada y sus propios riesgos, entre ellos infección local, irritación, reacción al material y problemas de cicatrización. No hemos encontrado evidencia clínica sólida que cuantifique un aumento específico de estos riesgos debido al embarazo o la lactancia, ni datos que justifiquen efectos que a veces se presentan como seguros, por ejemplo, un retraso inevitable de la cicatrización o una evolución típica hacia un absceso.
Durante la gestación cambian el volumen y la sensibilidad de los tejidos, y el pecho y el abdomen pueden distenderse. Una joya situada en una zona expuesta a estos cambios puede resultar incómoda o sufrir tirones. Es un motivo concreto para vigilar la zona y pedir consejo si aparece presión, dolor, hinchazón o lesiones; no permite, en cambio, deducir que todas las personas tendrán el mismo resultado.
2. Piercings nuevos: una decisión prudente
Aplazar una perforación nueva durante el embarazo y la lactancia es una decisión prudente y razonable para un procedimiento no urgente: evita iniciar una herida que requiere cuidados y observación en un periodo de cambios corporales y permite reconsiderar la decisión más adelante. Por ejemplo, los anexos de la D.G.R. de Lombardía XI/5796 de 2021 indican en el consentimiento informado para piercings que se desaconsejan durante el embarazo y la lactancia. Es una recomendación regional: no debe aplicarse automáticamente a otros territorios y cada estudio debe comprobar la normativa local vigente.
Las fuentes consultadas no establecen un intervalo clínico universal que se aplique a todos los piercings nuevos después del parto o del destete. Para un nuevo piercing en el pezón tras finalizar la lactancia, algunas recomendaciones sugieren esperar entre 3 y 4 meses; es una medida prudente referida a esa zona, no un plazo médico obligatorio para cualquier ubicación o persona. Si una clienta desea seguir adelante, el estudio puede explicarle su política de aplazamiento e invitarla a consultarlo con el profesional sanitario que lleva el embarazo o la lactancia. La valoración de las circunstancias personales o de los tratamientos corresponde al profesional sanitario, no al piercer.
3. Pezón y lactancia
Un piercing en el pezón ya cicatrizado no impide necesariamente amamantar, aunque la experiencia varía. Las cicatrices o las alteraciones de los conductos pueden modificar el paso de la leche; también se han descrito mastitis y abscesos. Algunas personas observan que la leche sale por los canales del piercing o que el flujo es distinto. Si la lactancia duele, al bebé le cuesta agarrarse o hay dudas sobre la cantidad de leche, conviene acudir a una matrona, a una asesora cualificada de lactancia o a un médico.
Durante las tomas hay que quitar la joya del pezón: podría dificultar el agarre, lesionar los tejidos de la boca o aflojarse, con el consiguiente riesgo de ingestión o atragantamiento. Las recomendaciones sanitarias consultadas aconsejan retirarla durante todo el periodo de lactancia, en vez de ponerla y quitarla en cada toma. El canal puede estrecharse o cerrarse; no fuerces la reinserción y pide ayuda profesional si la joya no pasa con facilidad.
Durante el embarazo, el pecho puede cambiar desde los primeros meses y el tejido puede crecer alrededor de la joya. Algunas recomendaciones clínicas sugieren retirarla antes del segundo trimestre, o antes si queda ajustada o duele: acuerda cómo gestionarla con el profesional que lleva el embarazo. Si la joya parece incrustada o la zona está inflamada, no la retires a la fuerza y solicita atención sanitaria.
4. Piercings existentes
No es correcto prescribir la retirada automática de todos los piercings existentes ni recomendar de forma universal barras más largas o retentores de un material específico. La decisión depende de la ubicación, el estado del canal, los cambios anatómicos, la comodidad y las indicaciones del centro sanitario.
- Ombligo: a medida que crece el abdomen pueden cambiar la tensión y el contacto de la joya con la piel. Si la zona se irrita, duele o presenta presión persistente, pide una valoración sanitaria y evita que la joya comprima el tejido.
- Pezón: la sensibilidad y el volumen del pecho pueden cambiar. Habla con tiempo con el profesional que lleva el embarazo sobre si debes retirar la joya y cuándo; durante la lactancia, no la lleves puesta en las tomas.
- Otras zonas: valora la comodidad y el estado de la zona. Si hay hinchazón importante, enrojecimiento que empeora, secreción, dolor creciente o fiebre, contacta con un servicio sanitario; el piercer no puede diagnosticar ni tratar una infección.
5. Parto y atención hospitalaria
Antes del ingreso, informa a la matrona y al equipo de anestesia de los piercings que llevas y pide con antelación las instrucciones del centro. La petición de retirarlos depende del tipo de parto, de los procedimientos y de los protocolos hospitalarios: no existe un calendario estándar válido para todas las personas. No sustituyas las joyas por retentores por tu cuenta ni des por hecho que se permite un determinado material en el paritorio; sigue las indicaciones del personal que atiende el parto o la intervención.
6. Recomendaciones prácticas para el estudio
- Antes de concertar un procedimiento nuevo, pregunta con tacto si la clienta está embarazada o en periodo de lactancia y explica con claridad la política del estudio y las recomendaciones regionales aplicables.
- Si se aplaza el procedimiento, no presentes la inmunomodulación, una infección o un tratamiento antibiótico como consecuencias inevitables. Explica que el aplazamiento es una precaución para un procedimiento electivo y que no existe un único periodo de espera válido para todas las personas.
- En cuanto a las joyas ya colocadas, limita el apoyo del estudio a una valoración técnica no clínica y no fuerces su retirada ni reinserción. Si hay dolor, hinchazón, sospecha de incrustación u otros signos preocupantes, deriva a un profesional sanitario.
- De cara al parto, anima a la clienta a pedir con antelación las instrucciones de su centro y del equipo de anestesia. No prometas que se permitirá un retentor o que será adecuado en el paritorio.
En resumen: aplazar una perforación nueva durante el embarazo y la lactancia es una precaución razonable, pero no debe justificarse con efectos inmunitarios o complicaciones presentados como seguros. Si hay un piercing en el pezón, durante las tomas la prioridad es mantener la joya retirada y proteger el agarre y la seguridad del bebé. Para dudas clínicas o instrucciones relacionadas con el parto, decide el equipo sanitario.
Fuentes
- Wang et al., «Perfiles de células T colaboradoras (Th) durante el embarazo y las pérdidas recurrentes del embarazo», revisión inmunológica, Frontiers in Immunology, 2020. Explica la complejidad de los subtipos inmunitarios durante el embarazo; no demuestra resultados específicos relacionados con los piercings.
- Región de Lombardía, D.G.R. XI/5796, de 21 de diciembre de 2021, y anexos. Recomendaciones regionales y formularios para tatuajes y piercings.
- Cleveland Clinic, «Cuatro cosas que debes saber sobre la lactancia con piercings en los pezones». Recomendaciones clínicas sobre joyas, agarre, conductos y lactancia.
- La Leche League International, «Piercings en los pezones». Revisión de los posibles efectos y precauciones durante la lactancia.
Fuentes consultadas el 14 de octubre de 2026. Las recomendaciones regionales se aplican a su territorio; las decisiones clínicas y las instrucciones para el parto deben acordarse con los profesionales sanitarios implicados.